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El Póquer y la Actitud

En la mayoría de los juegos, conocer o no a nuestros oponentes generalmente no suele influenciar demasiado el resultado del juego. Pero en el póquer en este sentido es importante conocer nuestras estrategias, capacidades y limitaciones, así como conocer y estudiar la de nuestros adversarios.

El póquer es un juego en el que el factor psicológico juega un papel muy importante. Los entendedores y estudiosos del juego han observado y clasificado a los jugadores de póquer según sus cualidades y características durante el juego.

Hay que tener en cuenta lo que se le llama comúnmente "juego de personalidad" y no hay que igemos hacer es ver qué tipo de contrincantes tendremos.

Se puede decir que hay dos grandes clasificaciones de jugadores: el jugador agresivo y el jugador pasivo. Cada una de ellas tiene a su vez una ramificación entre el jugador relajado y el estricto.

Veamos cómo actúa cada uno de ellos:

• Los pasivos relajados: Este tipo de jugadores, literalmente pasivos, esperan a que se los intente farolear, y siempre piden que se descubran las cartas para verificarlo, teniendo una segunda mejor mano para sorprendernos. Esto no es nada bueno para ellos mismos y terminan provocando su propia renuncia. Sobre todo en los juegos sin límite, en los que su metodología de juego sólo les trae problemas

• Los pasivos estrictos: De la misma forma que los anteriores, este tipo de jugadores no terminan muy bien en juegos sin límite. Su única chance de ganar es ir descubriendo los faroles y debes aprovechar eso. Aquí van unos consejos especiales para jugar contra esta clase de oponentes:

• Usa y abusa (sólo en estos casos) de los faroles. Arriésgate siempre a apostar fuerte ante sus pedidos de mostrar la mano.

• Si representan una mano, probablemente te convenga renunciar. Cuando este tipo de jugadores apuesta mucho es porque realmente tienen algo bueno, de otra forma NO se arriesgan.

• Aprovecha la debilidad de sus posturas, pero no te descarriles en engaños. Como en todo juego de póquer, más vale que renuncies a tiempo. Es decir, no apuestes si realmente no tienes nada con qué defenderte. Pero si es que te ha tocado una buena mano, arriésgate a levantar una carta para atacar, de lo contrario, todavía estarás a tiempo de renunciar.

La idea es mantener el control de la partida contra estos jugadores. Aprovecha al máximo el mando. No es fácil perder contra ellos, por lo tanto si te traen problemas, definitivamente estás cometiendo algún error bastante grave.

• Los agresivos estrictos: Este tipo de oponentes tiene un gran problema y es que se vuelven fácilmente predecibles, uno de los más grandes errores que puede cometer un jugador de póquer. Lo ideal contra ellos es descubrirlos de a poco hasta que pierdan el control de la situación (se sobrepasan con facilidad)

• Los relajados agresivos: Como hemos dicho, dentro de esta categoría están los disciplinados y los impulsivos. Los disciplinados son los más peligrosos, ya que engañan pareciendo impulsivos y descontrolados, pero mientras tanto te estudian y tienen todo bajo control. Apuestan fuerte y pueden perder grandes sumas, pero nunca de forma deliberada, sino para luego volver a la carga y no sólo recuperar lo perdido sino ganar mucho más. Los impulsivos son todo lo contrario: Apuestan fuerte, pierden mucho y su falta de disciplina no los deja recuperar nada. Son poco frecuentes, pero muy fáciles de derrotar.